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EL MAGO DE OZ Y EL MAESTRO TOTO

El Mago de Oz es una maravillosa película cargada de mensajes y simbología. Las fábulas y las metáforas son de los mejores vehículos que existen para hacer llegar mensajes importantes a nuestras capas psicológicas más profundas. Secuencia a secuencia, nos atrapan las distintas vicisitudes que le van ocurriendo a la protagonista, porque todas ellas nos hablan también de las nuestras. Ese es el poder de una historia bien construida y que conecte con nuestras entretelas. En estas líneas, hoy me detengo en los mensajes que nos llegan a través de Toto, el perrito de Dorothy.

Desde el principio, siempre está con ella. Es él el que le acompaña cuando canta Más allá del Arcoíris, toda una declaración y propósito de vida; es su presencia la que más dinamiza a Dorothy; por amor a él, decide abandonar su zona de confort e iniciar su maravilloso viaje iniciático; y finalmente es Toto el que físicamente, corre el tupido velo tramposo que ocultaba el engaño del Mago de Oz.

Una maravillosa metáfora de algunas de las cosas que nuestros peludos hacen por nosotros: acompañan, apoyan, calman, comparten, motivan, guían, enseñan. Y tu Toto, ¿cómo hace todo eso por tí?

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